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Yerba
Mate, el producto preferido por los entrerianos.
El
origen de la yerba es atribuido legendariamente a divinidades.
Un poema paraguayo atribuye a Santo Tomás esta dádiva
a los indios:
" En recuerdo de mi estada
Una merced os he de dar,
Que es la yerba paraguaya
Que por mí bendita está. "
La primera leyenda encontrada dice que Tupá, genio
del bien, estaba en peregrinaje por la Tierra, cuando llego
a la casa de un viejo muy pobre que, a pesar de su miseria,
le dio de comer y de beber y lo albergó en su casa.
En bosque, cuando fueron atacadas por un jaguar. Vino un
cazador en su auxilio y ellas, como premio, le dieron la
ca’a (yerba), planta benéfica y protectora.
La tercera leyenda es semejante a la del Tupá. En
esta, San Juan y San Pedro fueron albergados por un viejito
muy pobre, y Dios, en recompensa, transformó a la
hija del anciano en árbol de yerba, para que fuera
inmortal. Las versiones científicas sobre el origen
del uso de la yerba por el hombre tambien son dos. La escuela
peruana afirma que la yerba ya era usada por los quechuas
del Incario, los que enterraban a sus muertos colocando
alimentos en el túmulo. Excavaciones arqueológicas
muestran que hace mas de mil años ellos utilizaban
las hojas de yerba en su alimentación cotidiana,
ya que fueron encontrados vestigios.
La escuela guaraní, por su parte, dice que los descubridores
de la yerba fueron los tupi y tapuita, que usaban la yerba
y la llamaban caa, caa-mi o caa-i. Estas tres denominaciones
corresponden a diferentes fuentes consultadas.
No tenemos medios de averiguar la mayor veracidad de una
u otra. Sin duda ambas culturas, la quechua y la guaraní,
conocían y usaban la yerba, siendo estéril
laa discusión sobre quién la descubrió
primero.
A partir de los registros históricos, consta que
los guaraníes masticaban las hojas de yerba en sus
largas caminatas, o lo hacían en brebaje, en sus
aldeas. Primero lo tomaban directamente, y después
a través de una bombilla de “Caña de
Castilla”, encontrando en esos hábitos un antídoto
para el cansancio y el hambre.
Cuando, en 1536, el Paraguay fue ocupado por los españoles,
empezó la explotación de la yerba y su difusión
entre los blancos. Otras fuentes sitúan históricamente
el descubrimiento de la yerba por los españoles en
1554, cuando el general Irala, entonces gobernador de Asunción
habría ido al Guaira (actual Estado brasileño
de Paraná) y descubierto las virtudes tónicas
de la bebida indígena. Para explotar los yerbatales
nativos, muy distantes de Asunción, miles de indios
fueron esclavizados, y se los hizo trabajar en condiciones
subhumanas durante casi un siglo. En ese entretiempo, el
mercado consumidor creció considerablemente hasta
Buenos Aires al sur, y Hasta Potosí a través
de los Andes. En esta última región, se cambiaba
yerba por plata.
A su llegada, los jesuitas vieron las condiciones de explotación
de la población indígena y trataron de encontrar
una solución. La primera fue tratar de disminuir
el consumo de yerba. El padre Antonio la estigmatizó
llamándola “yerba del diablo”, diciendo
que era un medio de ponerse en contacto con Añá
(el diablo); dijo que tenía propiedades afrodisíacas,
por lo que debía ser prohibida por la religión,
pero sus tentativas fueron infructuosas, el hábito
ya estaba definitivamente enraizado. Los jesuitas se lanzaron
entonces hacia el monopolio de la explotación de
los yerbatales, dando un tratamiento más humano a
los indios.
En el aspecto económico, los jesuitas introdujeron
mejoras en los métodos de cultivo, resolviendo el
problema del bajo coeficiente de germinación e introduciendo
técnicas de trituración. Pasaron a consumirla
bajo la forma de té al estilo ingles, y llegaron
a llevar la yerba para Europa, donde crearon un pequeño
mercado consumidor, que fue enseguida eclipsado por el té
de la India, introducido por los ingleses.
El mayor mercado, de acuerdo con datos de 1620, estaba dentro
de América del Sur, exportándose 10.000 arrobas
anuales para Asunción y 40.000 para Corrientes, Santa
Fé y Buenos Aires, desde las misiones.
A partir de esta intervención de los jesuitas en
el proceso de evolución del cultivo la yerba surge
la confusión de algunos historiadores, que afirman
que la yerba fue traída por ellos para América.
Inclusive, en Europa se la conoció como “té
de los jesuitas”. Lo que ellos aportaron, sí,
fue la forma de prepararla, al estilo inglés. Si
bien la relación entre los jesuitas y la yerba fue
en un primer momento de oposición frontal, más
tarde encontraríamos en los relatorios del padre
Burgues que en el uso de la yerba encontraron estos misioneros
la solución a problema de la embriaguez en las reducciones.
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